Inicia Venezuela Jazz Camp
3 de agosto de 2026 · Luis Antonini

"Lo que en la idea inicial era una experiencia musical educativa para jóvenes y niños con afinidad por el jazz, ha tomado nuevos significados partiendo de la empatía, la vinculación, la integración y el compromiso social; todos ellos atributos de la cultura jazz, pero, sobre todo para mí, un llamado de Dios". — Jhosep Mendoza
El pasado 3 de agosto, el Ensamble Itinerante del Venezuela Jazz Camp se presentó en uno de los Campamentos Transitorios ubicados en Caracas, el cual acoge a alrededor de 250 personas damnificadas por el doblete sísmico del mes de junio. Estas actividades se realizan con el fin de llevar un poco de recreación, educación musical y contención a estos espacios que aún viven la tensión de lo sucedido. A su vez, generan un entorno de esparcimiento para las familias que allí se encuentran, permitiendo que los niños interactúen con los instrumentos, sigan las dinámicas de los recreadores en escena y puedan drenar la energía acumulada a través de estos estímulos musicales.

El Campamento Transitorio dispone de un espacio techado, improvisado pero bien organizado, que permite a las familias realizar diferentes actividades. Los encargados del lugar se mantienen en constante comunicación con las agrupaciones que se presentan para garantizar una experiencia positiva y se muestran siempre dispuestos a colaborar.

Antes de cada visita, la agrupación se reúne para planificar, estudiar, ensayar y articular el repertorio que interpretarán horas después. Esto con el fin de que los músicos tengan claras las dinámicas de integración que se llevarán a cabo. En esta ocasión, los músicos asumieron un doble rol en escena: se convirtieron en recreadores en los momentos en que soltaban sus instrumentos. Esto hizo que la actividad fuera mucho más interactiva y sanadora para el público, en especial para los niños.

Al llegar, los niños identificaron rápidamente a los músicos; los estuches gigantes y los equipos de sonido los delataron, haciendo que los más pequeños se acercaran por simple curiosidad. Gracias a esta conexión inmediata, los encargados organizaron un pequeño espacio para que los padres y niños pudieran sentarse a disfrutar de la actividad.
Los músicos comenzaron presentándose para empatizar con los niños que se acercaron, generando así un ambiente amigable y de confianza con todos los presentes. Luego, el ensamble abrió la muestra con su primera pieza, la cual terminó de atraer a quienes estaban cerca. A medida que la música avanzaba, los niños se mostraban cada vez más atentos, llevando poco a poco el ritmo con sus cuerpos, cabezas, manos y pies.


Al finalizar el primer tema, los músicos soltaron sus instrumentos y comenzaron a desarrollar las dinámicas planeadas, logrando una participación activa de los niños. La recreación empezó con un baile guiado por la batería y el bajo, motivando a los niños a estar atentos al ritmo y a sus variaciones; a esto le siguieron un par de juegos lúdicos. Seguido de esto, el ensamble continuó con el repertorio e integró a una de las niñas del público a cantar. Ella había hablado con el director días antes para que los músicos la acompañaran en su interpretación.

Testimonios de nuestro Acorde Solidario
Como parte de la experiencia, los integrantes del ensamble realizaron el ejercicio de llevar una bitácora personal. Este hábito no solo ayuda a la organización y retroalimentación de la agrupación para futuras visitas, sino que permite procesar emocionalmente lo vivido en los Campamentos Transitorios.
Uno de ellos fue Javier Contreras, cuatrista y pianista del ensamble:
"Tuve la oportunidad de estrenar con grandes músicos un proyecto titulado 'Venezuela Jazz Camp'... todo marchaba de una forma mágica.
Al final tocamos más música y me llamó mucho la atención que ¡dos chicos se atrevieron a cantar! La primera niña del refugio que pasó tenía mucha actitud y el segundo chico tenía una buena afinación. Para mí, los dos tienen mucho potencial.
Estoy con grandes músicos que, sobre todo, son grandes personas”.
Testimonios como este dejan claro que la misión de nuestro ensamble es llenar de contención y música a todo aquel que se acerque, pero también demuestra la profunda huella que esta labor deja en quienes la llevan a cabo.
Patricia, cantante del ensamble y recreadora en esta ocasión, también compartió su experiencia en su bitácora:
"...Cuando empezamos a tocar la primera canción y vi cómo los niños estaban alegres me hizo sentir lindo, una sensación que logró hacer que mi cerebro y mi cuerpo liberaran todo tipo de tensión y ansiedad...
Hubo niños que se me acercaban y me abrazaban, y de verdad eso me llena mucho el corazón...
Quedé con una sensación súper linda y realmente es algo que me gustaría seguir haciendo, porque ver las caras de los niños con sonrisas y ver cómo todos ustedes ríen y juegan con ellos es algo que valoro muchísimo".
Al ser un proyecto netamente voluntario y autogestionado, pueden surgir pequeños retos logísticos —principalmente a la hora de movilizar los instrumentos por falta de presupuesto—. Sin embargo, todo el equipo trabaja arduamente para solucionar cualquier eventualidad y ser verdaderamente útiles.
Sin lugar a dudas, esta primera intervención dejó una huella imborrable en los estudiantes voluntarios del ensamble, en el equipo del Venezuela Jazz Camp y en las familias que disfrutaron de la actividad. A través de este puente solidario, logramos crear un recuerdo de paz y esperanza en la memoria de padres e hijos que hoy atraviesan una cruda, pero esperamos que pasajera, realidad.




